Un abrazo hace la diferencia

El dar o recibir un abrazo es uno de los gestos más sencillos y poderosos que existen y que nos dan una sensación de protección además de hacernos sentir reconfortados y queridos. El abrazo se convierte en una especie de refugio, de lugar lleno de sentimientos positivos en donde el tiempo parece no existir. Lo mismo sucede con una mirada o un fuerte apretón de manos que logran demostrar lo que llevamos en el alma, humanizando hasta al más duro de los seres.

Recientemente, ha salido a la luz un estudio científico que ha demostrado el impacto medible que tienen los abrazos sobre el estado de ánimo y el estrés después de un conflicto social. Ha quedado demostrado que con los abrazos aumentan los sentimientos positivos y se reducen los negativos en los días en que experimentamos problemas en las relaciones, ante pérdidas o ante un mal día laboral.

La investigación realizada para el Estudio del estrés, inmunidad y enfermedad de la Universidad Carnegie Mellon, expone que un comportamiento tan simple y directo como lo es el abrazar, es un método muy efectivo para apoyar tanto a mujeres como a hombres que estén pasando por un momento emocional difícil.

Dicha investigación, comprobó que los días en que alguno de los más de 400 sujetos del estudio, había tenido un mal día y no había recibido ningún abrazo, aumentaban los sentimientos y los pensamientos negativos, esto sin importar el género, edad, raza o estado civil de los sujetos.

Por otro lado, el estudio también expuso una paradoja… por un lado se demostró que las personas que reciben apoyo y afecto administran mejor su nivel de estrés, pero, otros estudios han demostrado que el exceso de apoyo puede ser contraproducente. Pero al final de cuentas, la balanza se inclina más por el contacto físico que puede provocar cambios fisiológicos beneficiosos, como la disminución de la actividad cerebral y cardíaca relacionada por el estrés y la liberación de la hormona oxitocina que es bien sabido, mejora el estado de ánimo, desarrolla el apego y los sentimientos que nos acerca a otras personas.

Desde la cuna, el contacto físico es importante, cuando se mima a un bebé generamos en él, impulsos sensoriales que llegan al cerebro y despiertan funciones vitales. En los adultos sucede algo muy similar, un abrazo puede transmitir paz, cariño, esperanza.

Se dice que la receta ideal son ocho abrazos al día, para liberar la cantidad necesaria de la hormona oxitocina, lo cual nos llevaría a sentirnos bien, centrados en nosotros mismos, con una buena dosis de autoestima y conectados a otras personas. Todo esto también ayuda a la disminución de los niveles de cortisol y adrenalina, las hormonas del estrés.

Cuando abrazamos, despertamos al niño que llevamos dentro, ese mismo niño que requiere de cariño, seguridad, apoyo, cuidado y diversión.

Ya sea un abrazo de amor de pareja, de cariño con algún familiar o amigo, de felicidad por una buena noticia o de apoyo en momentos difíciles, el abrazo es imprescindible para conectarnos con otras personas y dar y recibir buenos sentimientos.

¡Es hora de abrazar!… porque un abrazo hace la diferencia.

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