Tareas domésticas, como garantizar una división justa de los quehaceres del hogar.

Las mujeres conquistaron sus lugares en el mercado de trabajo, pero la división de tareas de las casa continúa desigual. Mismo trabajando las mujeres gastan una media de 8 horas por semana haciendo los quehaceres de la casa. En pleno siglo 21 es casi un consenso que todos se deben dividir las responsabilidades, entonces es hora de cambiar esa realidad.

Por más mortífero que sea el negociar las división de tareas, el diálogo es siempre el mejor camino. Esto también vale para aquellas personas con hijos haraganes que no lavan ni siquiera un vaso. Ahora veamos como lidiar con las situaciones más comunes.

Marido muy macho

Por más que la división de tareas sea un embole en muchos casos, lo más común es que el marido se niegue a colaborar, por más que la esposa trabaje fuera.

Todas conocemos mujeres que dicen que sus maridos ayudan en casa y hasta hombres todos lleno de orgullo diciendo que ayudan en casi todo el trabajo de la casa. Pero no es de ayudar que estamos hablando sino que de dividir las tareas. Es necesario pensar de manera más amplia en este tema, haciendo que los cambios de esas costumbres sucedan de forma gradual, pero tenemos que ser conscientes que todo lleva tiempo.

De igual manera no necesitamos esperar siglos para que una sociedad se transforme, antes de tomar una actitud dentro de casa. Así que manos a la obra y que el culo pesado de tu marido se ponga a hacer lo que le toca.

División equivocada de tareas

A veces no se trata de tener un marido muy macho, pero sí de una división que no toma en cuenta las aptitudes de cada uno. Se a vos te encanta cocinar, y a tu marido le gustan cosas que tengan que ver con el agua, entonces no te pongas a lavar el patio, dejá que tu marido lo haga, mientras vos preparás el almuerzo, no hace falta que hagas todo.

En este caso una salida ideal sería una conversación en la cual se resdistribuyan las tareas. Un buen comienzo seria ver lo que le gusta más hacer a cada quien, y también tener en cuenta la habilidad de la persona.

Igualmente existe un problema recurrente con respecto al ser criadas en una sociedad machista, que está como enraizada en la mujer, donde ésta se siente en la obligación de guiar las tareas y mostrar que solo ella debería hacerlas, ya que se supone culturalmente que la mujer es la que se encarga del hogar y los niños mientras el marido sale a trabajar.

Negociación

Vale decir que la división de tareas no tiene que ser siempre la misma, tipo un contrato de por vida que dice que cada uno va a hacer la misma cosa de por vida. Si uno de los integrantes de la pareja está sin trabajo, lo justo sería que haga más tareas en la casa y si la persona está con algún problema de salud, ésta merece trabajos más leves u hasta un descansito.

Pero lo más importante siempre es que haya comprensión, respeto y flexibilidad para nuevos reajustes y cambios de acuerdo con las nuevas demandas que vayan surgiendo.

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