Mirta Griselda Zaracho de Vera, sueños que se transforman – Gloriosas del Paraguay

Hay historias que nos recuerdan de los sueños que tuvimos de jóvenes y de lo que la vida nos mostró y enseñó. Algunos se cumple y otros se transforman. Conozcamos a Mirta, la gloriosa de hoy.

 

Mirta de 57 años vive en Asunción desde su infancia. Casada con Bernardo Vera tiene 3 hijas de 41, 37 y 18 años. Todo comenzó cuando de adolescente se embarazó y tuvo su primera hija a los 15 años de edad con un marido de 19. Nos cuenta:

 

Mi vida siempre fue difícil.

Me embaracé a los 15 años y mi marido tenía 19 años.

Nos casamos y asumimos un compromiso.

Nos dedicamos a la familia.

Fue muy difícil pero salimos adelante.

Luego nacieron las dos y comencé a trabajar.

 

Al hablar de los sueños nos contó que sus padres anhelaban que ella pudiese ir a la universidad, estudiar una carrera y ser alguien exitosa en la vida. Para ella esa era una meta a alcanzar. Quería estudiar obstetricia.

 

La vida no me lo permitió.

Pero hoy en día puedo decir que me siento orgullosa de mí misma porque mis hijas consiguieron tener ese éxito que yo no tuve.

Mi hija mayor estudió Protocolo y Ceremonial, la del medio se recibió en Derecho y la última ingresó hace poco a la Universidad Nacional para la carrera de Psicología.

Ellas son las que me empujan a seguir adelante. Luchan por lo que quieren y consiguen sus objetivos.

 

 

Los sueños de Mirta se vieron transformados pues no todo lo que creía y quería se volvió realidad pero hoy consigue ver a sus hijas como su mayor alegría. Ver a sus hijas cumplir sus sueños es para ella la realización de los suyos propios. Ve el éxito vivo en ellas. Sin embargo, conserva para ella un sueño propio: estudiar y aprender idiomas, especialmente el inglés.

 

Mi mayor desafío fue verle enfermo a mi marido. Nos afectó bastante. La salud de mi marido todavía es algo que tengo que afrontar todos los días. Él también sigue adelante siempre. Somos una familia muy luchadora. Nuestra vida es de una familia unida y sencilla. Mis oraciones siempre son: No quiero lujos pero que nuestros sueños vayan cumpliéndose de acuerdo a las necesidades.

 

Me despido agradeciendo a Gloriosas de Claro y diciendo a las jóvenes paraguayas les digo que se cuiden y que no se embaracen muy jóvenes para darse tiempo de poder ir atrás de los sueños. Los hijos son la mayor bendición pero también tenemos que dedicarnos a nosotras mismas. Nadie debe impedirnos de ir atrás de nuestros sueños. ¡Vamos chicas!

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