Lucia Melgarejo de Ruíz: Un ejemplo de vida

La vida era de cuento de hadas para Lucia, quien a sus treinta y un años, estaba casada con Virgilio, con quien ya había formado una hermosa familia, compuesta por sus cinco hijos, René, Javier, Fernando, Diana y Nadia. Estaba a punto de iniciar su residencia de pediatría en el Hospital de Clínicas, la vida parecía sonreírle… pero de la noche a la mañana todo eso cambió.

Los síntomas fueron apareciendo de a poco:

“Yo veía como la areola se retraía cada vez más, se deformaba ya el pezón y me fui a mi ginecólogo y me dice que yo no puedo tener cáncer de mama, por mi edad, porque tuve cinco hijos, porque a todos amamanté y todo eso. Eso sí, que todas las veces tuve grietas, y me dijo “son las grietas que tuviste en el pezón que formaron una cicatriz y eso deforma entonces no quería hacerme nada”, tenía 32 años. Y yo miraba el pezón y decía que no podía ser”.

Después de insistir unas cuantas veces, por fin Lucia consiguió que su médico le hiciera un control más profundo. Unos días después lo que tenía que ser una sencilla intervención, resultó ser más grave, pero lo peor aún estaba por llegar… “Después de tres días le llamo al médico porque tenía que estar lista la anatomía patológica y le digo al doctor “mi marido le puede llevar los resultados” y me dijo que no, que quería que yo fuera. Me fui a buscar los resultados, la chica que me atiende (cuando eso aún no existía enviar nada por email) me da un sobre y me dijo “¿suyo esto es?”, “sí mío es” y empieza a ponerle cinta scotch por todos lados y presillaba, presillaba y presillaba, ahí fue la primera vez que se me pararon los pelos de punta”.

Al salir del laboratorio, Lucia decidió no esperar hasta que el doctor le diera la noticia y ella misma revisó el resultado, positivo para cáncer de mama.

“Me desplomé ahí, le dije a mi marido que vi el resultado y no sabía si ir al doctor o a un especialista”. Y le dije a él, “pero Dios no existe, porque no puede ser, yo tuve cinco hijos, y ahora voy a dejar todo” porque 31 años antes, pensar en cáncer era pensar en la muerte casi casi con seguridad, y yo le decía “yo me voy a morir y ¿quiénes les van a criar a mis hijos? ¡Dios mío! con tanto cariño le tuvimos y mirá lo que me pasa”.

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Esa etapa del principio de una nueva vida, fue difícil para Lucia y su familia, los niños eran pequeños, el mayor tenía seis años y la menor apenas un año y medio. Era difícil explicarle la situación a los niños.

Lucia no perdió tiempo y entró a cirugía, donde le sacaron todo, fue el único tratamiento que se realizó.

“Me sacaron todo, fue un poco difícil en la primera etapa sentir esa mutilación y me dijo el médico que no hacía falta hacer más nada, que si en cinco años yo seguía bien, quería decir que me curé”.

El tiempo pasó, la vida continuó, Lucia hizo su residencia, se convirtió en Pediatra, los niños crecieron, diez años habían pasado. El médico que atendía a nuestra Gloriosa, insistía en que ella se pusiera una prótesis, fue en ese tiempo que vino la recaída.

“Fue muy difícil de diagnosticar porque yo tenía una tos que no aparecía por ningún lado la causa. Y bueno, esa fue la primera recaída seria que tuve y la primera vez que hice la quimioterapia. Fue una etapa bastante complicada pero pude asimilar súper bien, el médico me decía “vos sos médica, seguro que vas a ser de las peores pacientes, porque vas a tener todos los efectos colaterales antes de que se presenten” y le dije que no, que en mi cuerpo iba a ser todo lo positivo”.

A pesar de los dolores de cuerpo, las náuseas y otros síntomas desagradables, Lucia no perdió la fé ni las ganas de pensar en cosas positivas mientras pasaba el mal rato.

“Yo misma me decía que en mi cuerpo no iba a ser tan malo el efecto y así le pedía a Jesús y bueno, esa vez mis hijos ya estaban más grandes y hablé con ellos de la muerte, y les dije que aunque yo no estuviera presente con ellos por mi enfermedad de repente, que podía suceder y me decían “¿Te vas a morir? ¡No mami, vos no te vas a morir!”. Y bueno, yo no se, algunas personas se mueren jóvenes otros mayores, la vida es así, y con esta enfermedad yo no sé lo que me espera. Pero les preparé, esa vez le pedí a Dios que me diera la oportunidad de verles crecer más a mis hijos y ¡vaya que me dio! Ahora ya les veo a mis nietos. Es un regalo de Dios mi vida ya a estas alturas”.

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En todos estos años Lucia se refugió en su fé y en su familia que han sido su mayor apoyo, su fortaleza a lo largo de todos estos años “Yo digo, Dios sabe hacer las cosas, ahora, más complicadita pero estoy más fortalecida porque esos niños son una dulzura total, conste que son chiquititos todavía, pero igual, uno viene, duerme conmigo, me abraza y siento que me da toda la fuerza que necesito, todo, todo. ¡Puro amor son!”

Cómo mensaje final Lucia nos deja lo siguiente…

 

“Hoy, el cáncer de mama ya no es una enfermedad mortal, es una enfermedad crónica como la hipertensión o la diabetes, que uno tiene que tratarse, cuidarse y puede vivir muchos años, pero, que lo más importante es hacerse los controles porque el diagnóstico temprano es lo que hace que las personas puedan sobrellevar mejor la enfermedad. Porque cuando el diagnóstico se hace en forma temprana, entonces el pronóstico de vida es mucho más largo y el tratamiento también es más fácil. En mi experiencia todos los tratamientos que ya me hice, 21 sesiones de quimioterapia las llevé muy bien. Me siento privilegiada, porque la intensidad con la que vivo cada momento, cualquier gesto por pequeño que sea me hace disfrutarlo cien veces más que en otras circunstancias, porque se me presenta delante lo mejor de cada uno. Experimenté tantos gestos preciosos de parte de los demás y recibí mucho amor. Actualmente con los pedazos de cielo que Dios nos regaló esto se multiplicó (por mis nietos)”.