Carina Servín: con manos en la informática y arte en las masas

Dicen que la informática no es para todos, y tampoco la cocina. En esta ocasión, tuvimos la oportunidad de conversar con una mujer que pudo combinar ambas cosas y lograr una estabilidad en su vida, en la que ambas áreas la complementan.

Con 30 años de edad, madre de Taís (6) y Mía (9), Carina Servín logró dedicarse a sus pasiones, que son diametralmente opuestas en el sentido de que se llevan a cabo en ambientes totalmente distintos y requieren diferentes procesos: siendo analista de sistemas con una especialización en Oracle Business Intelligence, empezó paralelamente un proyecto que sigue creciendo tanto que dejó de ser un hobby y actualmente es su propio negocio de tortas y dulces: Cake Art.

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Nos cuenta que estando en la universidad, a la espera de su primera hija, decidió renunciar a su trabajo. “Nunca me metí mucho en la cocina, la gente que me conoce sabe muy bien esto. Pero en ese entonces tenía tiempo libre y un día me decidí: ´quiero hacer algo dulce, quiero hacer una torta´ me dije”. Es en este punto donde nuestra Gloriosa empieza a aprovechar los recursos que tiene a mano y a explorar en YouTube, buscando tutoriales y recetas pasteleras. De ahí en adelante comenzó a practicar, a indagar, a preguntar hasta lograr la torta perfecta.

El primer pedido que recibió fue de su prima. El “de boca en boca” fue esencial para Cari, ya que su prima empezó a recomendarla con otras amigas y fueron llegando más pedidos. Entre risas, nos cuenta que en sus inicios, su “testeadora oficial” era su suegra:

 

“para ella todo estaba delicioso, por más desastroso que salía.”

Emprendió vuelo, se animó a más, a aprender más, y decidió comenzar primeramente un curso corto de pastelería en La Casa de la Repostería, donde aprendió a hacer bizcochuelos, pastafrolas y distintos tipos de masas. Más adelante, tomó un curso de chef pastelero en el IGA donde fue reconocida con una mención de honor por su dedicación y esfuerzo. Buenos Aires sería su siguiente destino para seguir capacitándose y al retornar aceptó el desafío de trabajos más grandes, como baby showers.

Buddy Valastro: una inspiración

Los sueños están para ser cumplidos, no para quedarse en la mente y Cari sabía esto perfectamente. “Yo veo un programa, es mi favorito. Se llama Cake Boss, de Buddy Valastro. Él es mi ídolo personal y admiro demasiado el arte que hace en todo lo que son tortas”.

Fue a Estados Unidos, que es donde viven residen actualmente sus padres. “Tuve el privilegio de conocer la pastelería de Buddy y ver cómo trabajan ahí, quedé fascinada”. 

Mujer, mamá, analista de sistemas, pastelera

Su refugio lo encuentra en el apoyo que recibe de su familia: desde primas y tías, hasta sus padres que viven en Estados Unidos. Además, fusiona su rol de madre con su pasión en la cocina y sus ganas de construir un mundo mejor: en el Día del Niño organiza un festejo para los niños del barrio y de los alrededores. “Así  celebro, de agradezco la oportunidad que Dios me dio; así mis hijas ven que también pueden compartir con otros niños. Nos disfrazamos de payasos, jugamos con ellos, merendamos juntos”.

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“Entre el análisis de sistemas y la cocina encuentro mi estabilidad. Uno me lleva a un momento de estrés, y más siendo mujer porque el ambiente laboral de los analistas es aún muy machista. Y mi lugar, me lo gané porque hay poca gente que tenga la misma especialización que yo. En medio de eso, aparece la receta perfecta para mí: la cocina, que es mi espacio, mi descargo, mi equilibrio”

Nos cuenta que su sueño es abrir su propia pastelería y que lo más satisfactorio, además de la retribución económica, es poder formar parte de cada cumpleaños, u otro momento importante a través de sus postres.

“Gracias Gloriosas de Claro por dejarme contar mi historia. Y a las chicas les digo: ¡anímense, pierdan el miedo! Tenemos un potencial diferente como mujeres. Nosotras demostramos que podemos.”

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