Beatriz Doutreleau: el arte como estilo de vida

Comenzó casi por casualidad a dar forma a esto que hoy se convirtió en todo un estilo de vida y la hizo ser reconocida. Nos cuenta que una de sus hijas se interesó en la pintura en porcelana y fue ella la que asistió a unas breves instrucciones con su misma hermana, para luego a su vez enseñarla a ella, desde ahí esta relación con el arte fue amor a primera vista.

Luego comenzó a practicar con otros estilos y materiales. Como casi toda su instrucción, luego vino el óleo también casi por casualidad. Se confiesa una apasionada por esta técnica de pintura pero ha recorrido distintos materiales y técnicas.

Se declara muy ansiosa y por esa misma ansiedad puede llegar a pintar un cuadro en un mismo día.

Las flores, los paisajes, caballos y hasta desnudos son parte de la temática de de esta prolífica artista.

Nos muestra algunos de sus cuadros y nos va contando de sus distintas motivaciones, las técnicas y los cortos tiempos, casi récords que les ha llevado cada uno de ellos. Con una voz que denota pasión y el orgullo propio de los artistas.

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Si bien entiende que hay temas y técnicas que son más demandas que otras, ella nos dice que siente la libertad de pintar lo que le motiva o gusta, sin pensar en el rédito comercial, sin embargo, sus pinturas gozan de buena aceptación y le ha permitido tener la tan deseada independencia. Otra faceta de Beatriz es la de la enseñanza, lo cual, según ella misma cuenta le da tanta o más satisfacción hoy día.

Nos cuenta con emoción y el candor propio de quien valora los detalles del contacto humano, lo mucho que hoy le significa a esta autodidacta del arte el haber encontrado las técnicas y métodos para poder transferir conocimientos y también amor por el arte. Entre sus estudiantes están hombres, mujeres y niños de todas las edades que ven a estas prácticas como una suerte de bálsamo, escape o espacio para expresarse libremente.

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Beatriz nos recomienda enfáticamente a la pintura, al arte para luchar con ese enemigo silencioso de los nuevos tiempos que se llama estrés. Nos dice con convicción que el buscar refugio en el arte es una de las mejores terapias para encontrarse y aislarse momentaneamente de las preocupaciones y tensiones generadas por una cada vez más agitada vida moderna.

Y así dejamos a la gloriosa Beatriz, entre sus pinceles, sus pinturas y esa juventud en los ojos que solo la puede dar quien crea para sí y para los demás, un mundo nuevo a través de lo que ama.

Hasta una próxima historia de Gloriosas de Claro.

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